Bogando contra corriente

  Por: Jorge Angel Livraga Rizzi

“Lo que diferencia un tronco flotante de una barca hecha de la misma madera es que esta última tiene remos y puede bogar contra corriente.”
Dr. N. Srí Ram

Estas palabras las escuché de sus labios en mi ya lejana juventud. La frase no formaba parte de ninguno de sus discursos y no sé si la insertó en alguno de sus libros. Surgió espontáneamente en una conversación.

He meditado mucho sobre ella y a la hora de plasmar los más elevados Ideales en una Escuela de Filosofía a la manera clásica la parábola del tronco y de la barca estampó su sello en todo pensamiento, sentimiento y actividad.

Por lo general los hombres y las mujeres son como troncos que han sido lanzados al río de la vida y, primero enteros y secos, luego golpeados y humedecidos, derivan siempre en el sentido de la corriente o de los brazos de esa corriente que han desviado los poderosos del Mundo… ¡Allá van!… entrechocándose en inútiles violencias, sucios y embarrados, sin rumbo ni puerto fijo, hasta que se deshacen en astillas y desaparecen de la superficie en este río que no cesa de correr, que no sabemos de dónde viene ni hacia dónde va.

¡Meros troncos, desgajados, cortados, arrastrados de un lado a otro y apenas oponiendo la resistencia de su propio peso a la corriente! La oscura majada se desliza balando crujidos en su andar incansable y, sin embargo… ¡tan cansado! De día, el sol hace ver la oscura podredumbre de las cortezas y de noche, el tumulto de sombras corre siempre horizontal y sólo por excepción alguno levanta un extremo hacia las lejanas estrellas.

¡El río de los troncos!

Cada vez son más y unos con otros se entrechocan, se lastiman, se despedazan… ¡el río de los troncos!… ¡Cuánto he meditado sobre esto!

Pero año tras año aprendí las casi olvidadas técnicas de ir vaciando y aliviando la mole de madera… esa madera de la cual estamos hechos todos. Rápidos golpes de azada en la superficie y carbones encendidos luego, que se renuevan constantemente. La experiencia, aunque se inspire en los grandes Maestros de la Humanidad, es siempre dolorosa e infinitamente larga. Hay que cavar en lo más hondo, donde los egoísmos y las cobardías entrelazan sus fibras retorcidas, y la ilusión te hace creer que tú eres el tronco y que te estás destrozando a tí mismo. Pero el constante trabajador, impulsado por su voluntad superior a todos los quejidos de la materia semipútrida, sigue su tarea.

Poco a poco el otrora basto tronco se va convirtiendo en una embarcación. Se perfilan la aguzada proa y la redonda popa. La otrora herida, cavidad es ahora; un pulido receptáculo para el Alma Viajera. Con los restos se han hecho los flexibles remos que, según como se manejen, serán impulsores y a la vez timón. Y con inmensa paciencia se van puliendo los toscos costados hasta que se convierten en bordas livianas y sólidas.

Y… ¡así hemos hecho la barca!

La multitud de troncos la mira con mezcla de asombro y de repulsa; le parece vacía, inconsistente, innecesaria, cómica, peligrosa, desechable. Pero es que no es un tronco… ¡Es una barca! Y, por si fuera poco, suele bogar contra la corriente. ¡Esto ya es imperdonable! ¿No estar a la moda, no cambiar de color según el barro que viene? ¿Tener color propio y bogar por encima del lodo, rozándolo apenas?… ¡Inconcebible!

¿Y sus extraños tripulantes?

Dicen éstos que no somos todos iguales, que si lo fuésemos nos podríamos equivocar todos juntos sin esperanza de ayuda de uno a otro, que la igualdad no existe en la Naturaleza ni es cosa posible ni deseable. Que las sanas diferencias embellecen el conjunto y lo arrancan del aburrimiento y del espíritu de majada. También, que las diferentes religiones son adaptaciones en el espacio y en el tiempo de un mismo Mensaje y que, por lo tanto, no hay una mejor ni peor que la otra, ya que, aparte de ese breve Mensaje, todo lo demás lo aportaron los humanos con sus ignorancias y sus apetitos… Y que se fueron copiando los unos a los otros a través de los miles de años.

Afirman que no creen en Dios, sino que saben de Su Existencia y que ésta es evidente. Basta con conocer y andar las vías para su descubrimiento. Que el Alma es inmortal e incorrupta y que no hay que confundirla con los ropajes y disfraces que adopta periódicamente. Que, si es que hay perdón, éste está más allá de la redención según la ley de acción y reacción y que esas son leyes mecánicas de la Naturaleza: que el que siembra trigo siempre recoge, tarde o temprano, trigo, y el que sembró espinos sólo espinos obtendrá.

El milagro no existe como tal, sólo existen planos de conocimiento. Lo fenoménico es secundario; el sacerdote babilónico que deslumbraba con sus pequeños relámpagos artificiales que le saltaban de una mano a la otra, hoy sería un simple electricista. Y San Patricio un químico que sabría qué ocurre cuando echamos agua sobre el fósforo blanco o la cal viva.

El tripulante de la barca no necesita muletillas de engaños. Busca y encuentra, paulatinamente, la verdad. Pone su esfuerzo en los remos y distingue cosas que los demás no ven, pues rema contra corriente. Va escalando el agua hacia sus fuentes puras y descontaminadas. Hay entusiasmo en su Alma y gusta de la risa y de las cosas bellas.

Le molestan los ruidos cacofónicos y gusta de las hermosas melodías de Strauss, de las catedrales de luces y sombras de Wagner y de las íntimas sonatas de Mozart. No finge ver panoramas más allá de la mezcolanza de ojos, narices y rabos de los modernistas y prefiere caminar por la nieve con Goya, mirar los cielos grises velazqueños, sorprender las lágrimas cristalinas de un Greco o perderse en las calles fantásticas de los murales de Pompeya.

No cree que las drogas sean un bien, pues los que de ellas abusan se convierten en bestias degeneradas, que roban y matan para seguir consiguiéndolas. Tampoco en la sucia borrachera del grito alto y el eructo bajo.

Sí cree en el orden armónico y vital, que sobrepasa al mecanismo ciego de programas ya manufacturados por otros. Cree en la libertad en la medida en que haya personas que la aprecien y respeten la de los demás. Cree en la voluntad, en la bondad y en la justicia, y que un mundo sin esas virtudes es una bola de barro a la que hay que dar formas armónicas, venciendo toda la resistencia de la materia bruta. Cree en un mundo nuevo y mejor… pero para que aparezca en nuestro horizonte, debe haber muchos remeros nuevos y mejores. Los que se abandonan al río de la vida en medio de debilidades y lamentos son inexorablemente arrastrados a su destrucción física, psíquica y mental.

Cree en una ciencia al servicio del Hombre, del animal, del vegetal y, sobre todo, del Planeta en sentido global, pues es nuestra casa cósmica y la estamos derrumbando y desequilibrando. Cree que las estructuras ya viejas e inútiles deben dejar paso, en la renovación natural de la vida, a otras jóvenes y fuertes, sin complejos y limitaciones que huelen ya a podrido, pues son cadáveres a los que la fuerza galvánica del dinero y del poder hace que se contraigan y muevan sus miembros en un horrendo simulacro de vida.

Y… sobre todo… los tripulantes creen en ellos mismos; en la barca que han fabricado.

Cuando pasan remontando el río de la vida, muchos hombres y mujeres de corazón joven y mente despierta se ponen a trabajar y a convertir troncos en naves, para conocer la maravillosa aventura espiritual de bogar contra corriente.

Noviembre 1989

Fuente: http://www.acropolis.org/articles/articles-read.aspx?lang=esp&ID=17

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~ por Admin en agosto 27, 2007.

3 comentarios to “Bogando contra corriente”

  1. La verdad… muy bonitas àlabras. pero falla una cosa… porqué contrasta el sufrimiento de aquel que se deja lla vida luchando por lo que cree, presentandolo como poco mas que un desecho y asqueroso tronco sin mas que ofrecer que podredrumbre, con la gloria celestial de su remo de oro, inmaculado y pristino, mientras la gloria de los cielos se derrama sobre su nívea faz?

    Creo que buescando el bien común hallamos el própio… no buscando la basura ajena… o acaso me diría usted que el dolor y el sufrimiento de sus progenitores por sacarlo a delante fué poco mas que palos de ciego en la inmunda vida…

    disculpe la dureza de mis palabras pero no estoy de acuerdo con los lobos disfrazados de cordero… lo que usted me vende no es limipio y menos cuando desprecia a jugando con los contrastes para poner de relieve lo que a usted le interesa… que no es otra cosa que ser escuchado

  2. Lo que éste brillante artículo contrasta a simple vista es un tronco de una barca. Casi todos sabemos de la complejidad de las cosas y la vida, la diversidad de las situaciones, y hemos reflexionado sobre ello alguna vez. Pero estimado, eso es lo que hace una parábola, trata de simplificar un concepto para que sea fácil comprenderlo.
    Todos tienen algo que ofrecer, pero muy pocos son los que ofrecen más virtudes que podredumbre. Muchos pueden luchar por lo que creen, pero lo que creen no siempre será bueno para la humanidad, si no hubiera tanta gente egoísta en el mundo éste estaría mejor de lo que está.
    En ningún lugar menciona que los remos son de oro y muy diferentes al material de la barca… “Con los restos se han hecho los flexibles remos que, según como se manejen, serán impulsores y a la vez timón”

    Con lo único que no estoy de acuerdo en este artículo es con los gustos artísticos que menciona, adoro lo clásico pero también adoro el legado de Dalí, y muchas de las joyas modernas de la música.

    Volviendo al principio, por qué no aceptarlo, son poquísimas las personas que supieron o saben ser barca en medio de troncos, y ya que menciona a mis progenitores le puedo asegurar que ellos sí lo fueron, razón por la que hoy no están en este mundo. Así es, quien busca el bien común halla el propio, y quien busca el bien común trata de convertirse en barca para guiar y abrir senderos.

    Estimado, yo no intento venderle nada, no soy vendedora ni proselitista. ¿Me dirá Ud. que lo bajo y vil no contrastan con la virtud? ¿o lo mediocre con lo sobresaliente? ¿Y la maldad con la bondad? Yo no me considero un lobo disfrazado de oveja, y si lo veo de otra perspectiva tampoco me gusta ser oveja tonta de rebaño. Empero, por si no lo sabía, a todos les interesa ser escuchados, acaso a Ud. no?

  3. teneis razon hermana como filósofo naciente de amantes de la sabiduría de seguro que expresaremos lo justo en funcion a nuestro entendimiento pero es consciente también las cosas que que se dice que conduce a los ideales porque afirman un camino de inspiracion a una refleccion de lo que se piensa, lo que se habla, de lo que se siente, de lo que se hace, lo importante es tamar actitud basado a una recta acción, acción por deber, pero hacerlas y no solo expresarlas por eso tambien me inspira no solamente decir que querer es poder si nó que mejor diche, ¡hacer es poder!!!, gracias.

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